La novela romántica hoy
Un artículo de: Elfled y Yuliss
¿Sigue siendo un género de tercera?Y la razón de este artículo es la indignación que nos ha producido este otro…
http://www.publico.es/espana/409068/el-instituto-andaluz-de-la-mujer-alerta-del-sexismo-de-crepusculo
Aún hoy, en pleno siglo XXI, a las lectoras de novela romántica en España se nos sigue considerando, por según qué medios, como mujeres ancladas en el pasado, como aquellas «marujas» que estaban encerradas en casa, amargadas (según quien lo mire) de o por la vida, mujeres con la mentalidad propia de las de entre 40-50 de la época de nuestras abuelas y que no hemos tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria.
Pero todos lo que piensan eso… ¡están equivocados! El porcentaje de mujeres entre 20-35 años que leemos novela romántica, tenemos como estudios mínimos el bachillerato y nuestra cultura es alta en la gran mayoría de los casos. Nuestro problema es, que en esta sociedad consumista, somos unas idealistas que aún creemos en un sentimiento que muchos ya tachan de obsoleto: el amor.
¿Acaso Pablo Neruda era un necio por escribir sobre el amor? ¿Lo era Bécquer? «Ah, pero eso es poesía, no una novela ñoña de amor», dirían muchos. ¿Acaso el género lírico no cuenta como literatura? ¿O es que son las novelas románticas las que no se consideran como tal por la mayoría de la población española?
El amor es el hilo central de cualquiera de las novelas que nos gustan y leemos normalmente; pero vamos, incluso los grandes de entre los grandes recurren a él para introducirlo de forma subrepticia en sus obras. Véase Ken Follet, o Carlos Ruiz Zafón, o Chufo Lloréns, o Ildefonso Falcones, que son autores bastante conocidos y que no son famosos particularmente por escribir novela romántica. Sin embargo, usan ese romanticismo para darle el toque mágico a sus obras, porque admitámoslo, a pesar de vivir en una sociedad donde las relaciones sentimentales están muy, muy infravaloradas, ¿quién no se ha enamorado alguna vez y le ha salido la vena «ñoña» y «romanticona»?
Y mirándolo así, ¿qué sería de una novela como «Los pilares de la Tierra» sin la historia de amor que protagonizan el hijastro de John y la mujer de su verdadero hijo?
¿Es «La Regenta» una novela de tercera? ¿Y qué me decís de la novela de Margaret Mitchell «Lo que el viento se llevó»? Podría contar cientos de libros con el amor como hilo conductor y que sin embargo éstas sí que están bien vistas por los críticos. ¿Por qué las de Kleypas, Howard, Jeffries, Adrian, Balogh, Chase & Company… no?
Es curioso, porque si tomamos como referencia Estados Unidos, o incluso el Reino Unido, este no es el caso para nada. Se espera que la mayoría de las mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, lean libros de género romántico, y no se las tacha de «incultas» o «ñoñas» por hacerlo. A diferencia de España, la población anglosajona lee muchísimo más, y esto está probado estadísticamente, que en nuestro país. Y no es nada raro encontrarse semanalmente los nombres de J.R. Ward, Nora Roberts, Sherrilyn Kenyon, Danielle Steel, Lisa Gardner, Debbie Macomber, Julie Garwood, Joahanna Lindsey, Gena Showalter, Jeaniene Frost, Susan Mallery, Stephanie Laurens, Charlaine Harris o Christine Feehan, entre otras muchas, en la lista de Best-sellers del New York Times.
Las novelas románticas tienen un estatus social muy superior al que pudieran tener en España. ¿Por qué?
Es para reflexionar. Reflexionar y mucho. ¿Qué es o cuáles son los elementos que las hacen estar entre los géneros pueriles de los que se consideran los grandes críticos literarios en nuestro país?
Todas saben describir de forma maravillosa, no se entiende el porqué de esta distinción, de esta disgregación.
A quienes piensen que las lectoras de novela romántica somos gente inculta, nos gustaría preguntarles cuáles son las carreras han estudiado ellos para poder hablar de esa forma. Porque, con todos nuestros respetos, ¿os habéis dado cuenta de que en un alto porcentaje de los casos aquellos que hablan mal de la novela romántica son los que no han abierto un libro en su vida? Ellos sí tendrían por qué callar.
Nosotras, como dijo una vez Deveraux, tenemos una memoria que haría llorar de envidia al ordenador central de la NASA ¿Pueden ellos decir lo mismo?
Pero en el fondo, vivimos en una sociedad en la que se nos trata como al ganado: los medios de comunicación dicen algo, y eso va a rajatabla. La gente no hace otra cosa que ceñirse a lo que nos enseñan cada día. ¿Cuántas noticias dedicadas a la cultura literaria podemos encontrar en los telediarios, o incluso en prensa escrita, pongamos, cada mes? Muy pocas. ¿Y cuántas de esas noticias están dedicadas a la literatura romántica? Casi ninguna. Pero seguro que más de uno y una habrá podido ver algún anuncio promocional de libros de Kenyon, J.R. Ward, Cassandra Clare, Kathryn Smith, y un largo etcétera emitidos en Estados Unidos.
No obstante, aquí en España somos muchas las voces que nos alzamos contra esta discriminación, muchas somos las personas que apostamos porque este género llegue al lugar que se merece. Las lectoras de romántica somos personas leales al género, ya no nos escondemos como antes, ¿por qué habríamos de hacerlo? La sociedad nos puede mirar como quiera, nos pueden tachar de lo que quieran, pero ¿saben qué?
Nosotras leemos romántica, SÍ, y a mucha honra, ¿a quién cuernos le importa?
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Para siempre en nuestro recuerdo, Manuela.

