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El truhán y las damas

«¿La sobrina viene incluida en el lote?».
Esta fue la pregunta que Anthony Morehouse le formuló a Victor Croyden tras enterarse de la jugarreta que le había hecho. Ciertamente, es cuanto menos raro que uno se apueste un mueble en una partida de cartas, pero ya podéis imaginaros la cara que se le queda a nuestro protagonista al enterarse de que lo que había ganado no era un gabinete como tal, sino una revista llamada «El gabinete de las damas», cuya dirección estaba a cargo de una mujer, la sobrina del taimado que había aprovechado la coyuntura de la apuesta para deshacerse de uno de sus negocios menos lucrativos.
Al enterarse de la estratagema, el pobre Tony quiso devolvérsela a su dueño, qué iba a hacer él con una revista de mujeres, pero llevado a cabo el engaño, su anterior dueño no quiso la restitución. En definitiva, que ahora era dueño de una revista que no tenía ni idea de cómo manejar. Aunque… quizás la sobrina quisiera comprársela. No obstante, los caminos del destino son inescrutables, y a nuestro truhán le esperaba una sorpresa aún mayor.
Para Edwina Parrish, «El gabinete de las damas» era su vida. Durante años, había conducido con éxito la publicación, a pesar de la opinión de su tío de que las mujeres no eran capaces de dirigir un negocio, cada vez llevando a cabo más proyectos, y poco a poco incrementando los lectores de la revista con ideas innovadoras. Se hallaba cerrando las pruebas de imprenta del último número cuando le llegó la fatídica noticia de que la revista tenía un nuevo propietario. Uno que probablemente metería las narices en asuntos que no le incumbían.
Y cuando ese metiche, resultó ser su compañero de juegos de la infancia, Eddie, como así la llamaba él, no pudo evitar querer darle un escarmiento a ese malandrín que ahora se divertía con el giro de los acontecimientos. Quedaba claro que él quería hacerle pagar, de una manera u otra, todas las veces que le había ganado siendo apenas unos niños. ¡Cómo puede un hombre ser tan rencoroso! Pues si ese canalla creía que esta vez podría ganarle iba listo. Qué quería ponerla a prueba, ¡bien! Qué quería apostarse la revista, ¡bien! A ver quién ganaba este reto. Pero apostar puede resultar peligroso, cuando el corazón entra a formar parte del juego…
De una manera un tanto peculiar, «El truhán y las damas» nos muestra cómo podría ser la redacción de una revista, así como los tejemanejes que pueden derivarse de su publicación. En el desarrollo de la trama, somos conocedores de la historia personal de Edwina, una mujer que lejos de lo que pudiera parecer, no es la típica solterona. Ella, que ha sufrido en su piel los envites de la revolución francesa, hace todo lo posible por ayudar a quienes lo necesitan. Claro está, de una forma subrepticia. Con un pensamiento e ideales políticos que chocan con los de la época, intenta influir a su manera en la mente de las demás mujeres para que tengan opinión y criterio propio. Su lucha por mantener su forma de vida, será uno de los motivos para aceptar la apuesta con Anthony.
Son muchas las novelas en las que su autora utiliza una apuesta como hilo conductor de la trama, pero es que para estos protagonistas, cada paso en su relación es una excusa para apostar. Nuestro Tony es un jugador profesional, con libreta negra incluida, no os creáis, donde refleja todas sus apuestas, las condiciones de las mismas, etc. Vamos, que le gustan más las apuestas que a un niño los dulces. Aunque, claro, según él, la culpa la tiene Edwina, que fue quien lo inició en su niñez. ¡Tendrá caradura! Más de una vez me han entrado a mí ganas de romper la dichosa libretita, para qué negarlo.
Aunque en parte debo darle la razón, Edwina sí tiene la culpa, pero ¡de escucharlo! Tony sabe muy bien cómo sacar de quicio a nuestra heroína, y se divierte haciéndolo. La provoca, exaspera, la seduce… ¿A qué mujer independiente e inteligente le gustaría que un hombre pusiera en duda su valía, calificándola como un simple florero? A ninguna, y si es testaruda e impulsiva todavía menos. La cuestión es que cada desafío que Tony plantea, Edwina lo acepta sin reservas. Claro, así pasa lo que luego pasa…
Esta historia contiene escenas muy divertidas en la que intervienen el resto de personajes que forma parte del elenco de la novela. Aunque la que más memorable para mí, es una que me recordó a la película «Por siempre jamás». Producto de una apuesta, como no, nuestra protagonista tiene que asistir a la opera con las mejores galas, aunque con unas condiciones, claro está. Y su hada madrina no será otra que una cortesana retirada muy entendida en moda. El resultado no os lo voy a desvelar.
Para siempre en nuestro recuerdo, Manuela.


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