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Luna nueva

Como todo el mundo sabe, luna nueva es el segundo libro de la serie «Crepúsculo». En esta segunda entrega me he encontrado con que el protagonista del primer libro, Edward Cullen está desaparecido en combate buena parte de la novela y es por ello que cuando hable de los personajes principales un poco más abajo no le he considerado como tal.
En «Crepúsculo» nos dejamos a Bella Swan recuperándose del ataque de un vampiro del que Edward y el doctor Cullen la salvaron casi in extremis, la vimos asistiendo a un baile de la mano de Edward y esperando a ver qué acontecía en el resto de la serie.
Pues bien, he de decir que lo que viene a continuación ha supuesto poco menos que una lenta y agónica tortura. Meyer se ha centrado mucho en el personaje de Bella y cómo y por qué de su sufrimiento hasta un punto que me ha parecido que raya la tortura psíquica y psicológica de quien se atreva con esta novela.
Los personajes principales
Bella Swan: Ya dije en mi crítica anterior («Crepúsculo») que ella era joven, que se instaló en Forks junto a su padre, un lugar inóspito, húmedo y frío donde las nubes apenas si dejan traspasar unos tímidos rayos de sol. Bella ha sufrido el ataque de un vampiro y como consecuencia Edward se vio obligado a decidir si se convertiría o no. Él decidió que no y esa decisión le puede haber costado mucho más cara de lo que en realidad está dispuesto a admitir.
En esta segunda entrega, tras un desafortunado accidente Edward la abandona. Todos los Cullen se van de Forks y Bella entra en un estado de depresión constante del que sólo es capaz de hacerla sentir algo Jacob.
Jacob Black: Nuestro protagonista. Al menos yo le he considerado así en esta novela. Meyer lo presenta como un joven algo tímido, un chico que se ve a las claras que siente algo muy intenso por Bella pero al que su autora no ve como su compañero y puestos a decir su co-protagonista tampoco. Jacob es para ambas el amigo fiel, leal, amable y cariñoso que siempre está al lado de Bella ofreciéndole su apoyo y su cariño sin medidas. Imagino que las jóvenes lectoras que sientan atracción por este personaje se darán cuenta con el discurrir de la trama que su querido Jake no tendrá de Bella más allá de su cariño y su eterna amista. Una lástima.
Pero Jacob Black no es sólo un chico más. Jake tiene un secreto, un secreto impreso en su ADN que va a traerle a partir de un determinado momento algo más que problemas.
Si en el libro anterior estaba clara la atracción de Bella hacia Edward, en este libro se pone de manifiesto que Jacob y Bella serán los eternos amigos, pese a que los sentimientos del primero van más allá de lo que es bueno para ambos. Un extraño triángulo el de estos tres (Edward-Bella-Jacob)
¿Cómo lo resolverá su autora? La respuesta en los siguientes libros, seguro.
Escenas a destacar:
A lo largo de esta segunda entrega me he ido topando con varias escenas que me han resultado de lo más… impactante no es la palabra, yo diría que curiosas.
1) El dolor tan profundo e intenso que siente Bella cuando se sabe rechazada, marginada, apartada por el chico al que ama con una intensidad que raya en la locura.
2) El momento impactante de saber que su mejor amigo es algo más que un ser humano corriente y moliente. La escena en la que Meyer describe la transformación de Jacob en lobo delante de las mismas narices de Bella es sencillamente genial.
3) Dos momentazos que sí tienen que ver con Edward. El primero cuando ella trata a toda costa de «verle», de «sentirle». Esas locuras que lleva a cabo solo para poder vislumbrarle aunque eso sea solo un lejano recuerdo. Y, por supuesto, la escena en la que ella, dejando todo atrás se marcha a Italia para poder salvar al gran amor de su vida.
Creo que Meyer ha sabido muy bien cómo manejar a todos y cada uno de los protagonistas principales, dándoles a cada uno unas dosis más que acertadas de protagonismo, incluyendo el desaparecido Edward. Pocas autoras se hubiesen atrevido a quitar del camino al protagonista principal y como se demostrará protagonista esencial de toda la serie.
Secundarios:
Si en el primer libro son de vital importancia, en este segundo no lo son tanto. Los Cullen han desaparecido de escena, Alice solo aparece ya llegando al final pero la veo de vital importancia para la conclusión de esta segunda entrega.
Por otro lado, aparecen en escena los licántropos. Ellos van a hacer que la serie pegue un giro inesperado y que todos se unan entorno a Jacob para proteger lo más preciado para éste: Bella.
Los licántropos son presentados por su autora como los «buenos» frente a los vampiros. Los protectores de los humanos ante la amenaza de los «chupasangres». Pero si hay algo que caracteriza a Meyer es que no todo es blanco o negro en ninguna de las dos razas.
Sorpresas:
Pues sí, también ha habido momentos para ellas al igual que en la primera novela.
Me ha llamado poderosamente la atención que Meyer escribiera en varias páginas el nombre de un mes y el resto en blanco. Es como si quisiera darnos a entender que los meses se han ido del calendario sin que haya signos evidentes de la recuperación de Bella. Todo sigue igual: inamovible. Bella casi ni siente ni padece. Está en estado como catatónico, ida.
Estos momentos me dieron a entender que la relación de Edward y Bella conlleva algo más que amor. Me recuerda en cierto sentido a lo que pudiese expresar Feehan en su serie de los Carpathianos. Ese dolor instalado en el pecho de Bella, tan profundo, tan doloroso, tan arraigado que apenas si la deja respirar. Creo que me entendéis y sabéis a qué me refiero.
Y, por supuesto la transformación de Jacob en licántropo. Sabíamos que algo iba a ocurrir con él pero no qué.
Conclusión: La novela está bien dirigida por su autora, el cambio de protagonista principal, pese a que descoloca un poco, lo he encontrado novedoso en una novela romántica. Me ha gustado mucho los giros que la autora da a la trama y si bien sigo pensando que es light para mi gusto no me equivoco al pensar que si tuviese quince o dieciséis años la encontraría de lo más atractiva.
Para siempre en nuestro recuerdo, Manuela.


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