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Última modificación: Viernes, 26 Mayo 2017, Visitas en web: 300
La pequeña panaderia

La pequeña panadería de la isla

Ficha Técnica

  • Título: La pequeña panadería de la isla
  • Autor/a: Jenny Colgan
  • Serie: Independiente
  • Reseña de: ANNY

Puntuación

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Sinopsis

Tras el desastroso final de su última relación amorosa, Polly Waterford se traslada a un balneario en una remota isla frente a las costas de Cornualles, donde se instala en un piso pequeño y solitario situado encima de una tienda abandonada.
Para distraerse de sus problemas, Polly se concentra en su afición favorita: amasar y hornear pan. Pero su relajante pasatiempo de fin de semana no tarda en convertirse en una pasión. A medida que vuelca sus emociones en amasar y golpear la masa, cada hogaza resulta mejor que la anterior.
Entusiasmada, Polly empieza a incorporar nueces, olivas o semillas a la masa, además de la miel que le proporciona un apuesto apicultor del lugar. Recurriendo a reservas de determinación y creatividad que ignoraba que poseía, Polly maravilla a los habitantes del pueblo y a los visitantes con las maravillas que salen de su horno, y de paso descubre una vida nueva y brillante allí donde jamás esperaba encontrarla.

Valoración personal

Nunca se sabe por dónde nos llevaran los derroteros de la vida. Dónde descubriremos nuestra pasión o encontraremos nuestro verdadero hogar. A medida que avanzamos en nuestro camino, nuestros deseos y necesidades van cambiando. Incluso podemos encontrarnos perdidos y necesitar que algo o alguien guíe nuestros pasos momentáneamente. De eso trata «La pequeña panadería de la isla», de cómo en un momento de desorientación podemos encontrar el rumbo en el lugar más insospechado. Pues el encanto y la sencillez de lo rústico puede satisfacer un corazón mucho más que las comodidades y los lujos de las grandes ciudades.

Y no es que Polly Waterford haya disfrutado de muchos lujos. Todo lo contrario, en los últimos tiempos la joven ha dedicado todo su esfuerzo y tesón a conservar la empresa de diseño que había fundado junto a su novio Chris y el piso en el que residían. Un pequeño patrimonio que iban a perder tras el embargo del banco. La crisis se había cebado con ellos y no sólo la económica, su pareja también se había resentido. Sin casa y sin trabajo, con apenas dinero y la autoestima maltrecha, Polly se enfrenta a un futuro incierto.

El destino la conduce a Mount Polbearne, un pueblecito pesquero de la costa de Cornualles, donde consigue alquilar un piso encima de lo que antes era una tienda. El lugar es casi una ruina, pero resulta ser lo único que puede pagar. Resignada a su destino, decidirá mudarse allí mientras se toma unos días para reflexionar y empezar a buscar trabajo. Pero la tarea no resultará fácil, pues la realidad es que las oportunidades escasean incluso en esa pequeña isla. Como también los alimentos. Fingiendo una actitud positiva, Polly decide retomar su mayor afición y amasar pan, no solo para nutrir su cuerpo, sino también su alma.

Jenny Colgan vuelve a echar mano de su gran pasión por la comida para contarnos una historia muy emotiva que a todos nos puede tocar de cerca. Debido a la crisis económica que hemos sufrido en los últimos años, muchos negocios han tenido que cerrar y cientos de personas se han quedado sin hogar al no poder para la hipoteca. Qué hacer en esos momentos, a quién acudir, dónde conseguir ayuda, son dudas que nos asisten cuando pasamos por una situación así. Cómo sucede en el caso de Polly. En este aspecto, la autora ha querido centrarse en un sentimiento muy necesario para poder sobrevivir, la esperanza. Pues conseguir reciclarse y emprender un nuevo camino vital no es nada sencillo.

Me ha gustado la evolución de la protagonista, considero que es de alabar el modo en que se enfrenta a tal situación. En las primeras páginas de esta historia nos encontramos con una mujer que lleva varios años a sus espaldas de frustraciones y tensiones, tanto profesional como sentimentalmente, lo que la ha convertido en una mujer dubitativa e indecisa. A su llegada a la pequeña isla, Polly de siente perdida e insegura sobre cómo proceder a continuación. Pero conforme van pasando los días, su confianza va aumentando y su autoestima se va rearmando hasta convertirla en una mujer nueva, lejos de la que fue.

El milagro lo consigue una afición que hasta entonces solo le servía como entretenimiento y que había dejado aparcada porque a su novio le molestaba. Hacer pan se convierte no solo en un pretexto para comunicarse con sus vecinos, sino en una forma clandestina de conseguir algo de dinero. Resulta interesante ver cómo una habilidad a la que no le prestas atención puede resultar tan necesaria y apreciada por otras personas. Ante Polly se abre un nuevo horizonte y la posibilidad de convertirse en panadera le atrae sobremanera.

Quedarse en el pueblecito, disfrutar de su pacifica vida y realizarse en una profesión que le gusta sería un sueño cumplido. Pero se encontrará con un hueso duro de roer, Gillian Manse. ¡Menuda mujer! Este personaje es el contrapunto de nuestra heroína, aunque sus historias contienen ciertas similitudes. Y conocer su drama personal te hace comprender mejor su agrio carácter. La suya será una relación de tira y afloja constante, hasta que la mujer comprenda que Polly no va a ser una turista más de paso, sino que verdaderamente puede ayudar a mejorar el pueblo.

O, al menos, que sus habitantes se alimenten mejor. Además de coger un par de kilos, claro está. Porque si de pronto te ponen una rica focaccia o unos bagels tostaditos por delante a ver quién se resiste. Desde luego, los pintorescos lugareños de esta isla no. Cada personaje de este relato tiene algo especial y ha despertado un sentimiento diferente en mí. Con algunos me he enojado y otros me han emocionado al punto de soltar una lágrima. Me he pringado de harina y me han enseñado a recolectar miel, he visto cómo los pescadores volvían de faenar toda la noche, incluso he cuidado de un frailecillo herido. Y cada momento ha valido la pena porque he presenciado como Mount Polbearne crecía y cambiaba.

También me he enamorado, aunque entenderlo me ha llevado su tiempo. Bueno, más bien a la protagonista. Porque enseguida captas quien se va a ganar su corazón. Un hombre raro venido de américa, que vive en la mitad de la nada y regala tarros de miel. ¿Interesante, verdad? Lo cierto es que Huckle es un hombre guapísimo al que sencillamente le han roto el corazón. Me hubiera gustado que la chispa entre ellos dos saltase antes, pero la incertidumbre sobre el «comieron perdices» de esta pareja se mantiene hasta casi el final. Aunque teniendo a Neil como compañía, más bien sería «cocieron frailecillos». Y no será porque Polly no le regañe para que no se meta en el cazo cuando se está calentando. ¡Quién iba a pensar que a los frailecillos le gustaran tanto los jacuzzis!