Entrevista a María Pilar Queralt
Editorial Roca nos ha facilitado amablemente esta entrevista realizada a María Pilar Queralt del Hierro. Mil gracias.
¿Qué le ha apasionado tanto de este periodo histórico como para dedicarle todo el tiempo y la energía que le ha tenido que suponer la escritura de esta novela?
Era imposible dejar de novelar un período histórico como éste. Piense que la novela comienza a fines del siglo XV y concluye en 1520. Una época decisiva en la construcción de la Europa moderna cuando, en poco más de un siglo, el mundo se ensanchó con los descubrimientos de Ultramar, el mapa político europeo cambió gracias al imperio de los Habsburgo, el mundo espiritual se estremeció con la Reforma y el Renacimiento exaltó los sentidos e hizo del hombre el centro del Universo. ¿No le parece que vivir tal convulsión artística e intelectual debió ser toda una aventura?
¿Por qué contar la historia a través de las mujeres? ¿Por qué elegir a los personajes secundarios?
Salvo excepciones, las mujeres son las grandes olvidadas de la historia. Un agravio que la historiografía actual trata de salvar. Evidentemente, comparto esa postura. Sin embargo, en este caso, no fui yo quien buscó a los personajes sino que bien podría decir que ellos salieron a mi encuentro. Fue después de escribir mi “trilogía portuguesa” –Inés de Castro, Leonor y La rosa de Coimbra— cuando topé con una figura apasionante: Manuel I el Afortunado, rey de Portugal. A través de él llegué a sus esposas Isabel, María y Leonor, hijas y nieta de los Reyes Católicos. Decidí, entonces, sacar a la luz a estas tres mujeres, prácticamente desconocidas pero no por ello menos apasionantes.
De hecho las tres pueden simbolizar la transición entre la Europa medieval y la eclosión renacentista: Isabel todavía es una mujer medieval, piadosa y fanática; María, como infanta castellana y luego reina de Portugal, contempla en primera fila la Era de los Descubrimientos y el consiguiente cambio de mentalidad y Leonor fue una refinada y culta princesa flamenca ya de talante plenamente renacentista. No quise dejar de lado a otras dos grandes figuras estrechamente relacionadas con las protagonistas: Juana de Castilla, mal llamada La Loca, y Catalina de Aragón, esposa que fue de Enrique VIII de Inglaterra. De ahí que acabara por componer una novela coral en la que es difícil encontrar a una protagonista absoluta.
La documentación. Ha tenido usted que investigar en archivos y bibliotecas al menos en España, Portugal, Reino Unido y los Países Bajos. ¿Puede hablarnos de este proceso? Intuyo que ha debido de necesitar no sólo traductores, sino también paleógrafos y probablemente otro tipo de especialistas...
Evidentemente toda novela histórica requiere un esfuerzo previo de documentación, pero no olvide que soy historiadora y, afortunadamente, dispongo de los instrumentos necesarios para llevar a cabo esta tarea. Tengo nociones de paleografía, de latín, me muevo cómodamente en archivos y bibliotecas... Así que no le extrañe si le digo que la este proceso previo es uno de los momentos más gratificantes de mi trabajo.
¿Cómo se consiguen unos personajes tan de carne y hueso, con una psicología tan coherente y tan propia?
Intentando “meterse” en la piel del personaje. La novela es parcialmente epistolar y tuve que leer mucho, documentarme a fondo, estudiar el medio en el que estas mujeres se movieron a fin de conseguir las distintas voces. En resumen, jugar a ser Isabel, Juana, María, Catalina, Leonor… Vivir, por decirlo de alguna forma, sus alegrías y sus penas; sus odios y sus afectos; sus errores y sus aciertos.
Usted es historiadora y, sin embargo, se percibe un gran oficio como escritora. No sólo hace gala de una tremenda maestría a la hora de transmitir la información desde diferentes puntos de vista y distintos narradores, sino que además el estilo resulta increíblemente acorde a la época y no presenta falla. ¿Puede explicarnos cómo se ha preparado?
La novela histórica tiene una vertiente divulgativa nada despreciable pero no puede confundirse con el ensayo. Durante años me resistí a abordar el género por considerar que mi prurito de historiadora podía resultar un corsé demasiado rígido que actuara en detrimento de la calidad literaria. El secreto es saber combinar con habilidad historia y literatura. Por eso, cada vez que abordo una nueva obra, me impongo la obligación de ser fiel al hecho histórico pero sin perder de vista que estoy escribiendo una novela. Si lo consigo o no, el lector tiene la palabra.
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Para siempre en nuestro recuerdo, Manuela.

